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Todas las etiquetas pretenciosas que los críticos tratan de colocar sobre mi forma de estimar y comprender el ajedrez, me parecen vacías de sentido. Tengo que declarar que yo declino el honor de ser uno de los fundadores de la Escuela Neorromántica. Cedo bien a gusto el honor de estas pomposas denominaciones a sus inventores, que están bastante más preocupados de llamar la atención que de servir al único objeto que, a mi juicio, tiene algún valor en nuestro juego: la búsqueda de lo bello y de lo verdadero. Alexander Alekhine |